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¿Qué cambió? · 10 min

El cierre

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Cada edad tiene su avance. Las personas de la misma edad comparten este espacio y su bitácora en este navegador.

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Para empezar

¿Te acuerdas del espejo del principio? Vamos a hacerlo otra vez.

Para tocar

Tu espejo, otra vez

Elige una opción para cada frase.

Pienso que los de otro curso o de otro equipo son peores.
Digo que un grupo entero es malo sin conocer a nadie.
Me río cuando alguien habla con otro acento.
Me burlo de la comida o la ropa de otro niño.
Abucheo al otro equipo en los partidos.
No dejo jugar a alguien porque es «de los otros».
Por lo que hizo un niño, culpo a todo su grupo.
Repito cosas feas de otros grupos que escuché a los grandes.

Esto no mide cuánto vales. Es una reflexión, no un diagnóstico.

El ejercicio

Tu carta

Dibuja o dile al adulto (para que la escriba) un mensaje para ti: «Lo que aprendí es…».

Un mensaje para ti

Un mensaje para ti (lo lee el adulto en voz alta)

Hola. Te quiero contar algo de cuando yo era joven.

Me encantaba una música muy fuerte, que se llama metal. Mis amigos y yo nos vestíamos de negro y teníamos el pelo largo. Algunas personas pensaban que éramos malos, ¡y ni siquiera nos conocían! Decían cosas feas de nosotros, y hasta se las decían a mi familia. Por suerte, mi familia sí me conocía, y sabía cómo era yo de verdad.

Ahí aprendí algo muy importante: no puedes saber cómo es alguien por su música, por su ropa, por su equipo o por el lugar de donde viene. Cada persona es diferente.

A mí también me ha pasado al revés: he pensado algo feo de alguien sin conocerlo. Y después, cuando lo conocí, ¡me llevé una sorpresa! Era mucho mejor de lo que pensaba.

Por eso te digo: dale una oportunidad a todos. Pregúntales su nombre, juega con ellos, conócelos. Puede que encuentres a tu mejor amigo donde menos lo esperabas.

Todos somos distintos, y todos somos valiosos. ¡Te doy la bienvenida al equipo grande!

Con cariño,
quien escribió esta ruta

Tu insignia te espera al final de las 10 lecciones.
La insignia

¡Terminaste la ruta del equipo grande!

A veces vas a armar equipos chiquitos, como todos. Pero ahora sabes agrandarlos: preguntar el nombre, buscar lo que tienen en común e invitar a jugar.

Para empezar

Hace unos días respondiste doce frases sobre cómo hablas de «ellos». Hoy vas a responderlas otra vez.

Para tocar

Tu espejo, otra vez

Elige una opción para cada frase.

Hablo de un grupo entero como si todos fueran iguales.
Digo «esos» o «esa gente» para hablar de un grupo.
Comparto memes que se burlan de un grupo.
Reenvío cosas contra un grupo sin saber si son ciertas.
Uso palabras como «ratas» o «animales» para hablar de personas.
Insulto a los de la otra barra o del otro colegio.
Me río de chistes sobre el acento, el origen o el barrio de alguien.
Si alguien se molesta por un chiste así, pienso que exagera.
Repito cosas sobre un grupo que escuché en mi casa.
Cuando alguien de mi familia habla mal de un grupo, no digo nada.
Por algo que me hizo una persona, desconfío de todo su grupo.
Si uno de los míos hace algo mal, lo justifico; si lo hace uno de ellos, pienso «así son».

Esto no mide cuánto vales. Es una reflexión, no un diagnóstico.

El ejercicio

La carta

«Para mí, dentro de un año: en esta ruta descubrí que mi “ellos” más fuerte era… La persona de ese grupo que más me alegro de haber conocido es… Si vuelvo a decir “esos”, quiero recordarte que…»
Un mensaje para ti

Antes de que cierres esta ruta, quiero contarte algo mío.

Cuando era joven me encantaba el metal. A la mayoría de mis amigos también. Por la música que escuchábamos y por cómo nos veíamos, muchas veces escuché que éramos gente peligrosa, que andábamos en malos pasos. Nadie que decía eso nos conocía. Esos comentarios llegaron hasta mi familia. Por suerte, ellos me conocían bien.

No me importó demasiado lo que pensara la gente, y nunca sentí que tuviera que demostrarle nada a nadie. Pero aprendí algo que no se me olvida: generalizar no está bien, ni para lo malo ni para lo bueno. Cada persona es diferente, ve las cosas a su manera, y no todos los de un grupo piensan igual.

También me ha pasado al revés. Muchas veces, sin querer, he pensado mal de alguien por el grupo en el que estaba. Y después, al conocerlo, me llevé una sorpresa buena: era mucho más de lo que esperaba. Con algunas personas basta poco tiempo para darse cuenta de que son buenas personas. Con otras toma más. Pero casi siempre vale la pena esperar.

Nadie me lo enseñó de golpe. Lo fui aprendiendo con el tiempo, conociendo gente y abriendo la mente. Hoy sé que todos somos diferentes y que todos somos valiosos.

Por eso, ahora que terminas, te digo esto:

No envenenes tu mente con ideas que nadie revisó. Date la oportunidad de conocer a las personas a fondo. Nos perdemos amigos valiosos por cosas sin sentido: una apariencia, una camiseta, una música, un barrio. Y si conoces bien a alguien y de verdad no te cae bien, está bien: ahí queda.

Lo que no vale la pena es odiar. El odio desgasta, y a quien más desgasta es a quien odia.

El tiempo es demasiado valioso para gastarlo odiando a los demás. Úsalo para conocerlos.

Con cariño,
quien escribió esta ruta

Tu insignia te espera al final de las 10 lecciones.
La insignia

Terminaste la ruta del odio al otro.

Vas a seguir teniendo tu equipo, tu barrio y tus ideas. Está bien. Pero ahora sabes que detrás de cada «ellos» hay personas con nombre.

Para empezar

Hace unos días respondiste doce frases sobre cómo hablas de «ellos».

Hoy vas a responderlas otra vez.

Para tocar

Tu espejo, otra vez

Elige una opción para cada frase.

Hablo de un grupo entero como si todos fueran iguales.
Digo «esa gente» o «esos» para hablar de un grupo.
Comparto memes o noticias que se burlan de un grupo.
Reenvío mensajes contra un grupo sin saber si son ciertos.
Uso palabras como «invasión», «plaga» o «animales» para hablar de personas.
Insulto a los del otro lado en el fútbol o en la política.
Me río de chistes sobre el acento, el origen o el barrio de alguien.
Si alguien se molesta por un chiste así, pienso que exagera.
Repito cosas sobre un grupo que escuché en mi infancia.
Cuando alguien de mi familia habla mal de un grupo, no digo nada.
Por algo que me hizo una persona, desconfío de todo su grupo.
Si alguien de los míos hace algo mal, lo justifico; si lo hace uno de ellos, pienso «así son».

Esto no mide cuánto vales. Es una reflexión, no un diagnóstico.

El ejercicio · 10 min

La carta

Escríbete una carta para leer dentro de un año.

«Para mí, dentro de un año: en esta ruta descubrí que mi “ellos” más fuerte era… La persona de ese grupo que más me alegro de haber conocido es… Lo que quiero que mis hijos (o los niños cercanos) me escuchen decir es… Si dentro de un año me descubro diciendo “esa gente”, quiero recordarte que…»
Un mensaje para ti

Antes de que cierres esta ruta, quiero contarte algo mío.

Cuando era joven me encantaba el metal. A la mayoría de mis amigos también. Por la música que escuchábamos y por cómo nos veíamos, muchas veces escuché que éramos gente peligrosa, que andábamos en malos pasos, que consumíamos drogas. Nadie que decía eso nos conocía. Esos comentarios llegaron hasta mi familia. Por suerte, ellos me conocían bien.

No me importó demasiado lo que pensara la gente, y nunca sentí que tuviera que demostrarle nada a nadie. Pero aprendí algo que no se me olvida: generalizar no está bien, ni para lo malo ni para lo bueno. Cada persona es diferente, ve las cosas a su manera, y no todos los de un grupo piensan igual.

También me ha pasado al revés. Muchas veces, sin querer, he pensado mal de alguien por el grupo en el que estaba. Y después, al conocerlo, me llevé una sorpresa buena: era mucho más de lo que esperaba. Con algunas personas basta poco tiempo para darse cuenta de que son buenas personas. Con otras toma más. Pero casi siempre vale la pena esperar.

Nadie me lo enseñó de golpe. Lo fui aprendiendo con el tiempo, conociendo gente y abriendo la mente. Hoy sé que todos somos diferentes y que todos somos valiosos. El problema es que ya casi nadie se toma el tiempo de conocer a los demás. Vivimos en un mundo que mira mucho las apariencias y que juzga con muy poco.

Por eso, ahora que terminas, te digo esto:

No envenenes tu mente con ideas que nadie revisó. Muchas veces el odio al otro está hecho de cosas que creímos sin conocer a nadie.

Date la oportunidad de conocer a las personas a fondo. Nos perdemos amigos valiosos por cosas sin sentido: una apariencia, una camiseta, una música, un barrio, una idea sin fundamento. Y si conoces bien a alguien y de verdad no te cae bien, está bien: ahí queda. No tienes que llevarte bien con todo el mundo.

Lo que no vale la pena es odiar. El odio desgasta, y a quien más desgasta es a quien odia.

El tiempo es demasiado valioso para gastarlo odiando a los demás. Úsalo para conocerlos.

Con cariño,
quien escribió esta ruta

Tu insignia te espera al final de las 10 lecciones.
La insignia

Terminaste la ruta del odio al otro.

Vas a seguir teniendo tu equipo, tu barrio y tus ideas. Está bien. Pero ahora sabes que detrás de cada «ellos» hay personas con nombre. Y que los puentes se construyen desde las dos orillas.

Lo que sigue

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Antes de empezar

La vida se nos va mientras esperamos que empiece.

No soy experto en nada. Soy alguien que se equivoca seguido y que todavía está aprendiendo a vivir.

Hice este lugar porque la felicidad casi nunca está después: está en las personas que hoy tienes cerca y en el día que estás viviendo.

Aquí no vas a encontrar sermones. Vas a encontrar rutas cortas para mirarte con honestidad y cambiar algo, de a poco.

Siempre es un buen momento para empezar.

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