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El espejo 🪞

¿Tengo una vocecita mandona? · 8 min

Para el adulto que acompaña: Lean juntos. No hay respuestas buenas ni malas. Si un día el niño no quiere hablar, está bien. Lo más poderoso que puedes hacer es contar tus propios ejemplos: «A mí también me pasa». No hace falta escribir: se conversa, se dibuja o se juega.

El espejo

¿Me pasa a mí? · 10 min

El espejo

¿Me pasa a mí? · 15 min

Cada edad tiene su avance. Las personas de la misma edad comparten este espacio y su bitácora en este navegador.

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Para empezar

¿Alguna vez perdiste un juego y te dio mucha, mucha rabia?

A todos nos pasa. Hasta a los grandes.

La idea

Todos tenemos por dentro una vocecita mandona. Dice cosas como:

  • «¡Yo primero!»
  • «¡Yo gané!»
  • «¡Yo tengo razón!»
  • «¡No fue mi culpa!»

No es mala. Pero a veces manda demasiado. Hoy vamos a ver cuánto manda la tuya.

Para tocar

Tu espejo

El adulto lee cada frase en voz alta y el niño elige.

Elige una opción para cada frase.

Me enojo mucho cuando pierdo un juego.
Cambio las reglas del juego para ganar.
Me cuesta pedir perdón.
Digo «no fue mi culpa» aunque sí fue.
Quiero que todos me miren a mí.
Me pongo triste si felicitan a otro niño.
Interrumpo cuando otros hablan.
Quiero que siempre se haga lo que yo digo.

Esto no mide cuánto vales. Es una reflexión, no un diagnóstico.

La escena

Lía juega un juego de mesa con su abuela Tita. Lía va perdiendo. Tira los dados. Le sale un uno.

—¡Este dado está roto! —dice—. ¡No vale!

Tita la mira y sonríe. —¿Fue el dado o fue la vocecita?

El ejercicio

Dibuja tu vocecita ✏️

Dibuja cómo te imaginas tu vocecita mandona. ¿Es grande o pequeña? ¿De qué color? ¿Qué grita?

Después, ponle un nombre. Lía le puso «Doña Primero».

Para hoy

Hoy eres detective 🔍. Cuando escuches a tu vocecita, dile en tu cabeza: «Te vi».

Para conversar

¿Cuándo fue la última vez que gritó tu vocecita?

Lo que viene

La vocecita tiene disfraces. ¡Vamos a descubrirlos!

Terminar y seguir con la lección 2 →
Para empezar

¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a alguien «tienes razón»? Sin «pero», sin «igual tú también».

Si no te acuerdas, tranquilo. A casi todos nos pasa, a cualquier edad.

La idea

Todos tenemos una voz que no quiere perder: quiere tener la razón, quedar bien, que se note lo que hace y que nadie se ría de ella. Esa voz es el ego.

Tenerla no es malo. El problema empieza cuando decide por ti: cuando no puedes soltar una discusión en el chat, cuando te da rabia que feliciten a otro o cuando prefieres perder a un amigo antes que decir «me equivoqué».

Antes del espejo

Casi todos nos creemos mejores que el promedio. Eso no puede ser cierto para todos. (Zell y otros, 2020) Así que responde pensando en lo que hiciste esta semana, no en cómo te gustaría ser.

Para tocar

Tu espejo

Elige una opción para cada frase.

Si un profe me corrige frente a la clase, me enojo.
Busco una excusa antes de aceptar que me equivoqué.
Me cuesta decir «perdón, me equivoqué».
Si pido perdón, lo digo en broma para que no se note.
Mientras alguien habla, ya estoy pensando qué responder.
En el chat, escribo antes de terminar de leer.
Me cae mal quien sobresale más que yo.
Cuando felicitan a alguien, busco algo que no hizo bien.
Reviso cuántos likes tiene lo que subo.
Exagero un poco para verme mejor.
En una discusión, no suelto hasta ganar.
Prefiero perder a un amigo antes que dar mi brazo a torcer.

Esto no mide cuánto vales. Es una reflexión, no un diagnóstico.

La escena

—Ese gol fue en el minuto 89 —dice Dani.
—Fue en el 90 —responde Teo.

Dani dice que no. Teo busca el video y se lo pone en la cara: «¿Ves? 90».

Dani se encoge de hombros y se va con otros. Teo tenía razón. ¿Y qué ganó?

El ejercicio · 6 min

El mapa de tus peleas

Paso 1 · Recuerda tres peleas o roces recientes: en tu casa, con un amigo, en el chat, en el colegio, en un juego en línea.

Paso 2 · Para cada una, responde. Si no quieres escribir, solo elige.

Pelea 1
¿Qué querías de verdad?
Pelea 2
¿Qué querías de verdad?
Pelea 3
¿Qué querías de verdad?

Paso 3 · ¿Se repite algo? La misma persona, el mismo tema, el mismo final.

Paso 4 · Completa la frase.

Si en alguna relación hay miedo, amenazas, golpes o alguien te hace daño, eso no es un tema de ego. Habla con un adulto de confianza. Al final de esta página hay a quién acudir.

Para hoy

Fíjate en una sola vez en que quieras tener la última palabra. No tienes que cambiar nada. Solo date cuenta.

Bitácora

¿Qué te sorprendió de tu espejo o de tu mapa?

Lo que viene

El ego casi nunca grita «soy el mejor». Se disfraza, hasta de chiste. En la próxima lección vas a descubrir sus disfraces, y cuáles usas tú.

Terminar y seguir con la lección 2 →
Fuentes de esta lección
Para empezar

¿Cuándo fue la última vez que le dijiste a alguien «tienes razón»?

Sin «pero». Sin «aunque tú también». Solo «tienes razón».

Si te cuesta acordarte, no te preocupes. A casi todos nos pasa. De eso se trata esta ruta.

La idea
  1. El ego no es quererte mucho

    Cuando decimos que alguien «tiene mucho ego», pensamos en alguien que se cree el mejor. Pero el ego casi nunca se ve así.

    El ego es la parte de ti que necesita ganar para sentirse bien. Necesita tener la razón. Necesita quedar bien. Necesita que se note lo que haces. Y no soporta perder.

    Tenerlo no es malo. Todos lo tenemos, y a veces nos protege. El problema empieza cuando agarra el volante y decide por ti.

  2. Dónde aparece

    Hay seis momentos en los que el ego suele aparecer:

    1. Cuando te corrigen.
    2. Cuando te toca pedir perdón.
    3. Cuando el otro está hablando.
    4. Cuando otra persona recibe el reconocimiento.
    5. Cuando haces algo por los demás.
    6. Cuando tienes que elegir entre tener la razón y tener paz.
  3. Una advertencia antes del espejo

    Casi todos nos vemos mejor de lo que somos. En estudios con cientos de miles de personas, la mayoría se considera más justa, más honesta y mejor que el promedio. Eso no puede ser cierto para todos. (Zell y otros, 2020)

    No es mentir. Es que el ego también se mete en cómo nos vemos.

    Por eso, en el espejo que viene, no respondas pensando en cómo te gustaría ser. Responde pensando en lo que hiciste esta última semana.

Para tocar

Tu espejo

Elige una opción para cada frase.

Cuando alguien me corrige, lo primero que hago es explicar por qué no fue mi culpa.
Me cuesta aceptar una crítica, aunque sea justa.
Me cuesta pedir perdón, aunque sepa que me equivoqué.
Cuando pido perdón, termino agregando un «pero».
Mientras el otro habla, ya estoy pensando qué le voy a responder.
Interrumpo para corregir un detalle.
Me molesta cuando a otra persona la felicitan por algo en lo que yo también ayudé.
Cuento lo que logré aunque nadie me lo pregunte.
Necesito que se note lo que hago por los demás.
Si no me agradecen, me cuesta volver a ayudar.
Prefiero tener la razón a mantener la paz.
Sigo una discusión aunque ya no importe, solo para no perderla.

Esto no mide cuánto vales. Es una reflexión, no un diagnóstico.

La escena

Mara y Sam cenan con Lía. Hablan de una película.

—Esa salió en 2018 —dice Sam.
—No, fue en 2019 —responde Mara.
—Creo que fue en 2018.

Mara deja el tenedor, saca el celular y busca.

—¿Ves? 2019.
—Ok —dice Sam.

Sam sigue comiendo sin hablar. Lía mira a los dos. Nadie retoma la conversación.

Mara ganó. Tenía la razón. ¿Y qué ganó?

El ego no solo aparece en las peleas grandes. Aparece en una cena de un martes, por una fecha que a nadie le importa. Y casi siempre se cobra algo pequeño: un silencio, una conversación que se apaga, una niña que aprende que en la mesa se compite.

El ejercicio · 8 min

El mapa de tus discusiones

Busca un lugar tranquilo.

Paso 1 · Recuerda. Piensa en las últimas tres discusiones o roces que tuviste. Pueden ser grandes o pequeños: con tu pareja, en el trabajo, con un familiar, en un chat, en la calle.

Paso 2 · Escribe. Para cada una, responde:

Discusión 1
¿Qué querías de verdad?
Discusión 2
¿Qué querías de verdad?
Discusión 3
¿Qué querías de verdad?

Paso 3 · Mira las tres juntas. ¿Se repite algo? Puede ser la misma persona, el mismo tema, el mismo momento del día o el mismo final.

Paso 4 · Completa la frase.

Lo vas a volver a ver en la lección 9, cuando armes tu plan.

Si al hacer este mapa te das cuenta de que en alguna relación hay miedo, gritos frecuentes o violencia, eso ya no es solo un tema de ego. Busca ayuda: al final de esta página hay a quién acudir.

Para hoy

Fíjate en una sola vez en que quieras tener la última palabra.

No tienes que cambiar nada. Solo date cuenta. ¿Qué sentiste en el cuerpo? ¿Qué ibas a decir? ¿Lo dijiste?

Bitácora

¿Qué te sorprendió más: lo que mostró tu espejo o lo que mostró tu mapa?

Lo que viene

El ego casi nunca grita «soy el mejor». Se disfraza. A veces de víctima, a veces de silencio y a veces hasta de humildad.

En la próxima lección vas a conocer sus ocho disfraces. Y vas a descubrir cuáles son los tuyos.

Terminar y seguir con la lección 2 →
Fuentes de esta lección

Lo que escribes y tu avance se guardan solo en este dispositivo. Al terminar la lección sumamos 1 al total, sin saber quién eres.

Antes de empezar

La vida se nos va mientras esperamos que empiece.

No soy experto en nada. Soy alguien que se equivoca seguido y que todavía está aprendiendo a vivir.

Hice este lugar porque la felicidad casi nunca está después: está en las personas que hoy tienes cerca y en el día que estás viviendo.

Aquí no vas a encontrar sermones. Vas a encontrar rutas cortas para mirarte con honestidad y cambiar algo, de a poco.

Siempre es un buen momento para empezar.

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