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El espejo 🪞

¿Me pasa a mí? · 8 min

El espejo

¿Me pasa a mí? · 10 min

El espejo

¿Me pasa a mí? · 15 min

Cada edad tiene su avance. Las personas de la misma edad comparten este espacio y su bitácora en este navegador.

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Para empezar

Abre una caja de lápices. ¿Cuántos tonos de piel encuentras?

La idea

Para el adulto: lean juntos. No hay respuestas buenas ni malas. Hablen del color con naturalidad: los niños ven los colores, y si no se los nombramos, no aprenden a ver cuándo alguien sufre por el suyo. Lo que más les enseña es lo que dicen ustedes en la mesa, los apodos de la casa y los lápices, cuentos y juguetes que tienen. Esta ruta les va a servir a ustedes tanto como a ellos.

Las personas tenemos muchos colores de piel: claritos, morenos, oscuros, y todos los tonos del medio. También tenemos muchos tipos de pelo y de ojos.

Todos los colores son bonitos. Y ninguno vale más que otro.

A veces, sin darnos cuenta, tratamos distinto a alguien por su color. Le ponemos un apodo, nos reímos de su pelo o no lo dejamos jugar. Eso duele, aunque sea «en broma».

Para tocar

Tu espejo

El adulto lee cada frase en voz alta.

Elige una opción para cada frase.

Le digo a alguien un apodo por su color o por sus ojos.
Me río del pelo de otro niño.
Pienso que hay un solo «color piel».
Pienso que mi color es más bonito que otros.
Me río de chistes sobre el color de alguien.
Digo que alguien no puede ser la princesa o el héroe por su color.
Repito cosas feas sobre el color que escuché a otros.
Cuando se burlan de alguien por su color, no digo nada.

Esto no mide cuánto vales. Es una reflexión, no un diagnóstico.

La escena

En el recreo, Lía y sus amigas juegan a las princesas. Maya quiere jugar.

—Tú no puedes ser la princesa —le dice una niña—. Las princesas son blancas.

Maya se queda quieta. Nadie dice nada.

Esa noche, Lía le cuenta a su mamá. Su mamá le pregunta:

—¿Y tú qué piensas? ¿Una princesa puede ser de cualquier color?

Lía piensa en Maya, que es la que mejor inventa cuentos de todo el curso.

—Sí. Maya sería la mejor princesa.

El color de la piel no decide quién puede jugar.

El ejercicio

Dibújate ✏️

Dibújate con tus colores de verdad: tu piel, tu pelo, tus ojos. Si no encuentras tu tono, mezcla dos lápices hasta encontrarlo.

Para hoy

Hoy eres detective 🔍. Fíjate en los colores de piel, pelo y ojos de la gente que ves. ¡Hay muchísimos!

Para conversar

¿Qué colores de piel hay en tu familia y en tu curso?

Lo que viene

A veces dejamos colores afuera sin darnos cuenta. ¡Vamos a descubrir cómo!

Terminar y seguir con la lección 2 →
Para empezar

¿Cuántos apodos de tu curso hablan del color, el pelo o los ojos de alguien? «Negro», «Chino», «Colocho», «la Morena»…

¿Alguna vez le preguntaste a esa persona si le gusta?

La idea

El racismo casi nunca dice su nombre. Suena a apodo de cariño, a meme, a «es broma», a filtro que te aclara la piel.

Todas las personas tienen la misma dignidad: el mismo valor y el mismo derecho al respeto, sin importar su piel, su pelo, sus ojos o de dónde viene su familia. El racismo es todo lo que pone a alguien más abajo por esas cosas. Aunque se diga riéndose.

Esto no es para sentir culpa. Casi todos crecimos escuchando estas frases. Es para que te des cuenta, y elijas cuáles quieres seguir diciendo.

Antes del espejo: responde pensando en lo que dijiste, hiciste y pensaste este mes.

Para tocar

Tu espejo

Elige una opción para cada frase.

Llamo a alguien por su color o sus rasgos («Negro», «Chino», «Colocho»).
Si a alguien no le gusta su apodo, pienso que exagera.
Me burlo del pelo, la nariz o los ojos de alguien.
Digo «pelo malo» o «pelo bueno».
Me río de memes o chistes sobre el color de alguien.
Mando stickers o memes que se burlan de un color.
Uso filtros que me aclaran la piel o me cambian los rasgos.
Pienso que me veo mejor con la piel más clara.
Me río cuando insultan a un jugador por su color.
Desconfío más de alguien por su color, sin conocerlo.
Cuando alguien hace un comentario racista, no digo nada.
Pienso que en mi país no hay racismo.

Esto no mide cuánto vales. Es una reflexión, no un diagnóstico.

La escena

A Martín, desde primer año, en el curso le dicen «Chino», por sus ojos. Su familia vive en el país desde hace tres generaciones.

En el recreo, jugando fútbol, Teo grita:

—¡Chino, pásala!

Martín se la pasa. Al terminar, se le acerca:

—Teo, me llamo Martín.

—Pero si es de cariño.

—Ya sé. Pero a ti no te digo «Orejas». Te digo Teo. A mí me dicen «Chino» desde los seis años, en todos lados. Aquí me gustaría ser Martín.

Teo nunca quiso molestarlo. Para él era un apodo más. Para Martín era lo mismo de toda la vida. Y nadie le había preguntado.

El ejercicio

Tu mapa de las frases

1 · Lo que escuchas. ¿Qué frases sobre el color, el pelo o los rasgos escuchas en tu casa, tu curso o tus redes?

Escribe aquí…

2 · Lo que dices. ¿Cuáles dices tú, aunque sea a veces?

3 · Lo que te dijeron. ¿Alguna vez te dijeron a ti algo así? ¿Cómo te sentiste?

4 · Completa la frase.

Para hoy

Llama a todos por su nombre. Si alguien tiene un apodo por su color y no sabes si le gusta, usa su nombre.

Bitácora

¿A quién llamas por su color o sus rasgos? ¿Sabes si le gusta?

Lo que viene

El racismo se disfraza de apodo, de meme y hasta de elogio.

Terminar y seguir con la lección 2 →
Para empezar

¿Cuántos apodos conoces que hablan del color de alguien? «Negrito», «la morena», «chinito», «colocho», «la india»…

¿Alguna vez le preguntaste a esa persona si le gustaba que le dijeran así?

La idea
  1. El racismo casi nunca dice su nombre

    Cuando pensamos en racismo, pensamos en insultos de odio, en violencia, en algo que pasa en otros países. Eso existe, y es terrible.

    Pero en nuestros países, el racismo de todos los días suena distinto. Suena a cariño: «mi negrito». Suena a consejo: «no te asolees, que te pones más negra». Suena a chiste. Suena a «es que no da con el perfil».

    Casi nunca se dice con rabia. Muchas veces se dice con una sonrisa. Y por eso cuesta tanto verlo.

  2. La misma dignidad

    Todas las personas tienen la misma dignidad: la misma importancia, el mismo valor, el mismo derecho a ser tratadas con respeto. No importa el color de su piel, su pelo, sus ojos, su nariz o de dónde viene su familia.

    El racismo es todo lo que pone a alguien más abajo por esas cosas. Aunque se diga con cariño.

  3. Esto no es para sentir culpa

    Casi todos crecimos escuchando frases como «pelo malo» o «mejorar la raza». Las repetimos sin pensar, porque así hablaba nuestra familia, nuestro barrio, la tele.

    Esta ruta no es para que te sientas mala persona. Es para que te des cuenta, y elijas qué frases quieres seguir repitiendo y cuáles no.

  4. Dónde aparece

    Hay seis momentos en los que el racismo se cuela:

    1. Lo que dices «de cariño»: los apodos por el color o los rasgos.
    2. El pelo y los rasgos: «pelo malo», «nariz fea», «ojitos chinos».
    3. En la familia: el bebé «clarito» que todos celebran, el «no te asolees».
    4. Los chistes: los que siempre se ríen del mismo color.
    5. Lo que decides: a quién contratas, a quién le alquilas, de quién desconfías.
    6. Cuando lo ves y te callas: el comentario que dejas pasar.
  5. Antes del espejo

    Responde pensando en lo que dijiste, hiciste y pensaste este último mes, no en cómo te gustaría ser. Nadie más ve tus respuestas.

Para tocar

Tu espejo

Elige una opción para cada frase.

Llamo a alguien por su color o sus rasgos («negrito», «morena», «chinito»).
Si a alguien no le gusta que le digan así, pienso que exagera.
Digo «pelo malo» o «pelo bueno».
Comento el color, la nariz o los ojos de alguien como si fueran un defecto.
Celebro más a un bebé si es «clarito».
Digo frases como «no te asolees, que te pones negro».
Me río de chistes sobre el color o los rasgos de alguien.
Comparto memes que se burlan de un color.
Desconfío más de alguien por su color, sin conocerlo.
Al elegir a alguien (para un trabajo, un alquiler, una amistad), me fijo en si se ve «presentable».
Cuando alguien hace un comentario racista, no digo nada.
Pienso que en mi país no hay racismo.

Esto no mide cuánto vales. Es una reflexión, no un diagnóstico.

La escena

Llega un compañero nuevo al trabajo de Sam. Es afrodescendiente, alto, y siempre de buen humor.

Desde el primer día, Sam lo saluda igual:

—¡Qué tal, negro!

Todos se ríen. El compañero también sonríe.

Dos semanas después, en el almuerzo, Sam lo vuelve a saludar así. El compañero deja el tenedor y le dice, tranquilo:

—Sam, me llamo Carlos.

—Pero si es de cariño —dice Sam.

—Ya sé. Pero a ti no te digo «lentes», ni «flaco». Te digo Sam. A mí me dicen por mi color desde que tengo cinco años. En el colegio, en la calle, en cada trabajo. Me gustaría que aquí me dijeran Carlos.

Sam nunca quiso hacerle daño. Para él era una broma de todos los días. Para Carlos era lo mismo de toda la vida. Y nadie le había preguntado.

El ejercicio · 8 min

Tu mapa de las frases

Busca un lugar tranquilo.

Paso 1 · Lo que escuchaste. ¿Qué frases sobre el color, el pelo o los rasgos escuchabas en tu casa o en tu barrio en tu infancia?

Escribe aquí…

Paso 2 · Lo que repites. De esas frases, ¿cuáles dices todavía, aunque sea de vez en cuando?

Paso 3 · Lo que te dijeron a ti. ¿Alguna vez te dijeron a ti una frase así, por tu piel, tu pelo o tus rasgos? ¿Cómo te sentiste?

Paso 4 · Completa la frase.

Lo vas a usar en la lección 9, cuando armes tu plan.

Para hoy

Llama a cada persona por su nombre. A todos, todo el día.

Si alguien tiene un apodo por su color y no sabes si le gusta, no lo uses. Usa su nombre.

Bitácora

¿Hay alguien en tu vida a quien llamas por su color o sus rasgos? ¿Sabes si le gusta?

Lo que viene

El racismo se disfraza de cariño, de consejo, de chiste y hasta de elogio: «qué bien hablas para ser…».

En la próxima lección vas a conocer sus ocho disfraces. Y vas a descubrir cuáles usas tú.

Terminar y seguir con la lección 2 →

Lo que escribes y tu avance se guardan solo en este dispositivo. Al terminar la lección sumamos 1 al total, sin saber quién eres.

Antes de empezar

La vida se nos va mientras esperamos que empiece.

No soy experto en nada. Soy alguien que se equivoca seguido y que todavía está aprendiendo a vivir.

Hice este lugar porque la felicidad casi nunca está después: está en las personas que hoy tienes cerca y en el día que estás viviendo.

Aquí no vas a encontrar sermones. Vas a encontrar rutas cortas para mirarte con honestidad y cambiar algo, de a poco.

Siempre es un buen momento para empezar.

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